Cattleya Dolosa “Kenny”
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Sobre esta planta
La Cattleya Dolosa “Kenny” es uno de los cultivares más famosos, deseados y reconocidos dentro de las orquídeas de porte compacto y floración en tonos suaves. Este híbrido primario (fruto del cruce entre Cattleya loddigesii y Cattleya walkeriana) destaca por su excelente vigor de crecimiento, su hábito simpodial y su porte contenido, heredando la estructura fuerte y los pseudobulbos bifoliados de sus reconocidos progenitores.
Su verdadero motivo de admiración radica en la delicadeza cromática y la simetría de sus floraciones. Produce flores de gran tamaño en relación con la escala de la planta, de consistencia cerosa, muy duraderas y acompañadas de una fragancia dulce y envolvente. Despliega sépalos y pétalos de un blanco marfil o blanco con sutiles matices azulados o lavanda muy pálidos, que contrastan magistralmente con un labelo bien desplegado en tonos lavanda violáceo y un centro teñido de un suave amarillo cremoso.
Para lucir en todo su esplendor, requiere una iluminación brillante e indirecta, temperaturas de templadas a cálidas, un sustrato de secado rápido que evite la acumulación excesiva de humedad en las raíces y una ventilación constante. Es ideal para cultivar en macetas aireadas o montada sobre corcho.
Cuidados de Cattleya Dolosa “Kenny”
Origen y Genética:
Es un emblemático e histórico cultivar fruto del cruce entre dos destacadas especies brasileñas: Cattleya loddigesii y Cattleya walkeriana. De este cruce primario hereda lo mejor de ambos progenitores: la estructura de floración abundante y el vigor de C. loddigesii, combinado con la fragancia penetrante, la consistencia cerosa y el porte compacto de C. walkeriana.
Condiciones de cultivo: Es una orquídea simpodial de porte compacto y sumamente resistente. Desarrolla pseudobulbos cilíndricos, firmes y ligeramente acanalados, rematados por una o dos hojas coriáceas de verde intenso y gran grosor. Prospera de forma excelente en climas de templados a cálidos, con un rango térmico óptimo de entre 15 y 32 °C. Su genética le confiere una gran adaptabilidad tanto al cultivo en interior controlado como en espacios de colección protegidos.
Luz:
Requiere una iluminación muy brillante e indirecta (de nivel medio-alto a alto). Una luz adecuada garantiza pseudobulbos fuertes, hojas firmes y una floración regular y abundante. Si recibe la suficiente claridad, los bordes de sus hojas pueden tomar ligeras pigmentaciones rojizas, lo cual es síntoma de excelente salud. Protege siempre la planta del sol directo del mediodía para evitar quemaduras foliares.
Riego:
Sus raíces son relativamente gruesas y muy sensibles al estancamiento de agua. Durante la época de desarrollo y crecimiento activo (primavera y verano), riega con regularidad permitiendo que el sustrato se seque casi por completo entre aplicaciones. En otoño e invierno, cuando la planta ralentiza su ritmo o entra en reposo, espacia notablemente los riegos para prevenir la pudrición de raíces, aportando solo el agua necesaria para mantener los pseudobulbos turgentes. Utiliza preferiblemente agua de baja mineralización (ósmosis, destilada o de lluvia).
Humedad:
Agradece una humedad ambiental de moderada a elevada, idealmente situándose entre el 60% y el 75%. Es un factor muy favorable para el estiramiento de los brotes y el correcto desarrollo de los capullos florales.
Sustrato y soporte :
Dado que sus raíces necesitan secarse con rapidez y disponer de una oxigenación constante, sus opciones ideales de cultivo son:
Macetas aireadas (o barro sin esmaltar): Rellenas con corteza de pino de granulometría media combinada con perlita, carbón vegetal o roca volcánica, garantizando un drenaje inmediato.
Montada sobre placa de corcho: Una opción estética y natural que imita a la perfección el comportamiento de C. walkeriana, permitiendo que las raíces aéreas se fijen a la madera y se sequen rápidamente tras cada riego.
Fertilización :
Aplica un fertilizante específico para orquídeas muy diluido (a un cuarto o la mitad de la dosis recomendada) cada dos semanas durante la primavera y el verano, coincidiendo con el desarrollo de nuevos pseudobulbos y raíces. Suspende el abonado durante los meses de reposo invernal.
Floración y Fragancia :
Su floración es el verdadero sello distintivo de este cultivar. Produce flores de gran tamaño para el tamaño de la planta, con pétalos y sépalos de textura cerosa, gran durabilidad y una deliciosa fragancia dulce y compleja. Despliega una elegante combinación cromática: pétalos de blanco marfil o lavanda muy pálido, contrastados por un labelo bien abierto con bordes en tonos violeta-móvil y una vistosa garganta teñida de amarillo suave.
Cuidados adicionales El factor indispensable para su éxito es garantizar una excelente circulación de aire. Una brisa constante previene enfermedades fúngicas y asegura que las raíces se sequen al ritmo adecuado tras el riego.
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